Nuevos retos para la normativa antidopaje: la telemetría en el ciclismo profesional

Nuevos retos para la normativa antidopaje: la telemetría en el ciclismo profesional

¿Dopaje o avance tecnológico imparable para la estrategia de competición de los equipos profesionales?

Desde un punto de vista general, el estudio y el análisis de los datos es hoy en día una actividad primordial para el desarrollo de la investigación, el desarrollo y la innovación, no sólo ya desde un punto de vista técnico y profesional, sino que, también, el análisis de los mismos se ha convertido en un fenómeno de masas imparable dentro de una sociedad globalizada.

Hoy en día, si observamos a nuestro alrededor, cualquier persona lleva en su muñeca un smartwatch con el que mide sus pasos diarios, su frecuencia cardiaca, los kilómetros que hace a diario, el tiempo que dedica a recorrer los mismos e, incluso, las calorías que, aproximadamente, se hayan podido consumir con la realización de las actividades medidas. Esos datos reflejados en cualquier reloj inteligente, quedan almacenados en apps o plataformas donde pueden ser consultados y analizados en cualquier momento por los dueños del mismo.

Es inevitable que cualquier persona que vea sus datos medidos, grabados en una app, analice y compare los resultados diarios con los que ha realizado otros días de la semana o, incluso, con terceros. Esa comparación de datos entre un día y otro actúa, si se me permite el símil, como un verdadero incentivo para superarse en la sesión de ejercicio del día siguiente. Este sencillo ejemplo sirve, en mi opinión, para explicar la importancia del estudio, el análisis y la comparación de datos para el avance, la evolución y el desarrollo de las personas, pues, si en la sesión del día siguiente intenta hacer el recorrido de forma más rápida y, por ende, en menor tiempo, superará los datos anteriores produciéndose de forma paulatina avances en el estado físico de la persona.

Dichos datos también nos pueden valer para detectar fortalezas y debilidades en el desempeño de la actividad medida, con el objeto de buscar soluciones que permitan reforzar o mejorar el desarrollo de las mismas. En puridad, los datos quedan reflejados en el reloj inteligente y, luego, de forma inalámbrica, dichos datos pasan a almacenarse en una app (centro de control de misión u operador de sistema) que nos permite analizar y estudiar nuestros datos, para ver, por ejemplo, que cuestiones o datos podemos mejorar a la hora de realizar la actividad medida diaria.

¿Qué es en realidad todo lo explicado anteriormente?

Pues bien, estamos ante lo que se conoce como telemetría, es decir, se trata de una tecnología que permite enviar magnitudes físicas, datos o todo tipo de medidas de forma inalámbrica (o en remoto) hacia un centro de control de misión (u operador del sistema) donde quedan almacenados para que los mismos pueden ser analizados, estudiados y comparados con otros datos.

¿Qué ocurre si relacionamos dicha tecnología con el deporte?

La telemetría no es una tecnología desconocida en el mundo del deporte. Sin ir más lejos, hoy en día todo deportista amateur lleva consigo un sistema GPS, un pulso-metro, un potenciómetro, etc.,  para medir sus datos durante el desarrollo de su actividad física, lo que le permite de forma inalámbrica enviar datos a un centro de control de misión, donde se almacenan los mismos con el objeto de tenerlos grabados para, posteriormente, poder ser analizados y comparados con los entrenamientos de otros días, en busca de obtener información completa y relevante de sus entrenos, con el fin de comparar y reforzar las posibles debilidades, en aras a optimizar su rendimiento físico.

Además, a nivel profesional, la telemetría es muy utilizada en la Fórmula 1, donde pilotos y mecánicos la utilizan para buscar un mejor desarrollo de los vehículos, a través de los datos que se envían a Boxes desde el propio vehículo durante la carrera de competición. Como es de sobra conocido, los coches de la Formula 1, son vehículos que llevan mucha tecnología y durante la carrera pueden tener fallos o comportamientos mejorables a la hora de desarrollar todo su potencial (sus materiales, su chasis, su carenado, sus frenos, ruedas, amortiguadores, volante o motor); el piloto a través de su conducción envía toda la información al centro de control de misión, la cual servirá a los ingenieros para buscar soluciones a problemas o mejorar y optimizar el rendimiento del vehículo en carrera, y la óptima integración del piloto en su vehículo de carreras.

En estos últimos días se ha venido debatiendo mucho sobre la aplicación de la telemetría al mundo del ciclismo profesional, pues se habla de la presunta utilización de Modem 4G durante el desarrollo de competiciones deportivas.

¿En qué consistiría?

Se trataría, por tanto, de dotar a los ciclistas en competición de un pequeño Modem 4G portátil que llevarían consigo, para que, a través del mismo, se puedan enviar de forma remota al Centro de control de misión (que iría instalado en el coche del director del equipo), la posición exacta del ciclista en carrera, datos mecánicos y electrónicos de sus bicicletas, pero, también, y aquí viene lo relevante,  todos los datos relacionados con el rendimiento del ciclista durante cualquier momento dentro de la competición, como, por ejemplo: frecuencia cardiaca en cualquier momento de la carrera, la frecuencia cardiaca media, la frecuencia cardiaca máxima durante la competición, los niveles de oxígeno en sangre, la cadencia y la potencia a la que está pedaleando, etcétera.

La utilización de esta tecnología en el ciclismo de competición profesional está prohibida por el Reglamento UCI, pues, esta costosa tecnología ofrece al equipo que la utiliza, información muy completa sobre el rendimiento de sus ciclistas en carrera, lo que permitiría que dichos equipos pudieran utilizar estrategias en carrera, en virtud de una información y unos datos que no tendrían por qué tener, y que, además, dado el alto coste de dicha tecnología, esta quedaría al alcance de muy pocos equipos, por lo tanto, los equipos que la utilizaran estarían compitiendo con ventaja sobre los equipos competidores que no contaran con la misma.

¿Nos encontramos con un nuevo tipo de dopaje tecnológico o, más bien, es una evolución tecnológica imparable del ciclismo de competición del futuro que se debiera permitir en igualdad de condiciones en toda competición de ciclismo profesional?

En este sentido, traemos a colación la palabra dopaje. Según El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, el concepto de dopaje podría definirse como la administración de cualquier fármaco o sustancia estimulante para potenciar artificialmente el rendimiento del organismo, con grave peligro para la salud:  se trata del denominado dopaje fisiológico. Por otro lado, nos encontramos con el denominado dopaje tecnológico, en el que tiene cabida la introducción de cualquier motor o ayuda eléctrica que pueda producir una ventaja en competición con el objeto de asegurar un buen resultado o la victoria. Se trataría, por ejemplo, de la introducción o utilización de pequeños motores internos (ocultos) en las bicicletas que permitirían contar con una clara ventaja frente a sus competidores, beneficiándose de un alto ratio de posibilidades de asegurar la victoria frente a los demás competidores.

El artículo 1.3.010 del Reglamento UCI considera a la propulsión ilegal a través de un motor eléctrico en competición de una infracción muy grave, así ocurrió en el caso de la ciclista belga Femke van den Driessche que fue condenada a seis años de suspensión de la licencia para competir, 20.000 francos suizos de sanción, al pago de todas las costas del proceso, y, a devolver las medallas de campeona en Bélgica y Europa por llevar un motor escondido en el cuadro de su bicicleta.

Tal y como se interpreta el artículo 12.1.013 del Reglamento UCI, hablamos de fraude o dopaje tecnológico cuando en una competición ciclista se usa una bicicleta que no se impulsa únicamente a través del movimiento (pedaleo) circular de las piernas del ciclista, sino que cuenta con la asistencia o la ayuda de un motor eléctrico. En este sentido, podríamos afirmar que, al igual que ocurre con el dopaje denominado fisiológico, en el dopaje tecnológico también, es de aplicación el principio de responsabilidad objetiva que se desprende del Código Mundial Antidopaje con respecto a la mera presencia de sustancias prohibidas en el organismo del deportista, pues, ciertamente, la mera existencia de un motor eléctrico oculto en una bicicleta en el ámbito de una competición generaría un sanción objetiva y automática al deportista infractor.

Se dice, se oye, se comenta que presuntamente se está utilizando la telemetría por algunos equipos en las competiciones ciclistas profesionales; incluso, algunas noticias se hacen eco de que la utilización de esta tecnología pudiera estar provocando los actuales bloqueos que se están dando en las carreras en estos últimos tiempos, en los que la “serpiente multicolor” no ofrece mucha combatividad ni mucha emoción al telespectador y se observan días de carrera aparentemente tranquilos y aburridos; pero lo cierto es que, la telemetría en el ciclismo de competición no está permitida por el Reglamento UCI, debido, entre otras cosas, a los efectos directos e indirectos que pudieran generar en los resultados o desenlaces de la competición. Es cierto que se trata de una tecnología muy costosa que está al alcance de muy pocos. En la Formula 1, casi todos los equipos trabajan con ella, y está permitida, pero en el ámbito del ciclismo, el hecho de que sólo los equipos más poderosos pudieran utilizarla, se les estaría permitiendo a los mismos competir con ventaja frente a los equipos competidores que no pudieran contar con ella, lo que permitiría que los equipos que utilicen esta tecnología pudieran conseguir un porcentaje de posibilidades éxito mayor que los equipos competidores que no la utilizan.

Existe una gran división de opiniones sobre dicha tecnología, por un lado, están los detractores de la misma, por la ventaja con la que podría contar los equipos que la utilizaran, frente a los equipos competidores, pues contarían con información de sus deportistas privilegiada con la que no tendrían por qué contar, lo que les permitiría, entre otras cosas, mover (a su antojo) a sus “peones” dentro de la carrera, en el momento que estos estuvieran en su mejor condición física, sin que los equipos competidores puedan contar con dicha información. Por otro lado, están los defensores del uso de la telemetría en el ciclismo, que ven en ella una imparable oportunidad tecnológica de evolución futura del ciclismo, con la que la estrategia y táctica de los equipos podrían cambiar la forma de ver las carreras de ciclismo profesional, entre otras.

El hecho de que solo algunos equipos se puedan permitir el lujo de utilizar dicha tecnología, frente a equipos competidores que no se la pueden permitir por los altos costes que supone, permitiría incardinar a la telemetría dentro de una nueva modalidad de dopaje tecnológico, perfectamente sancionable de forma objetiva, solo por el hecho la existencia de algún mecanismo de telemetría (como llevar encima un Módem 4G), al no estar permitida. No obstante, en mi opinión, si todos los equipos participantes tuvieran posibilidad de utilizar dicha tecnología, y hubiera igualdad de posibilidad de uso para todos, porque la normativa UCI lo permitiera, seguramente que su uso beneficiaría a la evolución lógica del ciclismo, pues si hubiera igualdad de condiciones para todos, se viviría además de la dureza del recorrido, una bonita batalla de estrategias y tácticas que podrían dar verdadera emoción (otro cariz) a las carreras de ciclismo profesional, además, de todas las ventajas técnicas que conllevaría el hecho de poder contar con los datos de la competición de todos los ciclistas participantes, para su correspondiente análisis y estudio tras la competición. El ciclismo es un deporte que evoluciona y se presta de forma muy marcada a la utilización de la tecnología, por lo que no sería muy “descabellado” que este tipo de sistemas fueran siendo aceptados para su utilización al igual que ocurrió, por ejemplo, con la utilización en competición del famoso y tan criticado “pinganillo”.

2 Comentarios

  1. Ramón Alcázar Cañamares 2 meses hace

    Todo lo que sea un bien y no un retroceso para el deporte, bienvenido sea, ya sea técnicamente como humanamente, los equipos que usan la telemetría siempre van un paso por delante del que no la usa. Si todos la usarán sus rendimientos serían de récord, y obtendrían más laureles de triunfo, que diplomas de participación.

  2. Brillantes comentarios sobre la telemetria en el deporte y en especial en el ciclismo profesional, no puede ser menos viniendo de un buen ciclista. Las nuevas tecnologias se identifican con la globalizacion y esta con la complejidad y competitividad de la vida actual. Enhorabuena David.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*