Lotería: ¿el mayor premio es compartirlo?

Lotería: ¿el mayor premio es compartirlo?

Dos elementos característicos de la Navidad son, sin duda, los sorteos de lotería de Navidad, cada 22 de diciembre, y del Niño, el 6 de enero, ambos organizados por Loterías y Apuestas del Estado (LAE). Hordas de personas inundan las Administraciones para comprar un décimo o, simplemente, lo adquieren en el trabajo como el resto de compañeros, por si acaso toca. Este año el lema del anuncio de lotería es «El mayor premio es compartirlo». Pero queridos lectores, poderoso caballero es don dinero. Se leen por «decenas de millar» las sentencias en las que cada año las Audiencias Provinciales tienen que resolver problemas relativos al reparto del premio de un décimo compartido. La relación entre los participantes es indiferente a la hora de presentarse el conflicto: madre e hija, amigos del trabajo, pareja de hecho o matrimonio. No hay lazo familiar o de amistad que pueda con el premio económico derivado del sorteo. El problema que se plantea en todos estos casos es básicamente de prueba. En todos ellos, el demandante tiene que demostrar que el décimo, efectivamente, era compartido y no privativo de quien dice ser el ganador y único propietario. Lo curioso son los distintos argumentos que utilizan nuestros jueces y magistrados para resolverlos, en base al artículo 217 LEC. Así es que: ¿lo mejor es compartirlo?

Veamos una serie de casos, todos relativos a lotería de Navidad o del Niño, para demostrar que la respuesta a la anterior pregunta no parece que sea afirmativa.

Caso 1: desde hace años, Luis ofrece y vende a sus vecinos participaciones en un número de la lotería de Navidad, y lo hace aprovechando las reuniones de propietarios. Uno de los años toca un premio de 15.000€ por participación, justo el año en que Ana no había comprado papeletas. Ésta, presa de la rabia, decide demandar a Luis, indicando que sí le había encargado la reserva de una participación en una de las reuniones de vecinos. En este caso, el testimonio de los vecinos fue fundamental: esa reunión de vecinos de la que habla Ana y en la que supuestamente le había solicitado la reserva de una participación nunca había ocurrido. La Audiencia, en este caso, desestimó el recurso de apelación interpuesto por Ana, no sólo por lo anterior, sino también por la gran cantidad de contradicciones en que había incurrido al relatar los hechos [SAP Valencia, de 1 de julio de 2016 (AC 2017/457)].

Caso 2: Candela y Martín eran novios. Llevaban cinco meses de relación, si bien mantenían economías separadas y no tenían ningún patrimonio en común. Durante los meses de noviembre y diciembre fueron adquiriendo de forma indistinta décimos para el sorteo de lotería de Navidad. Uno de los décimos adquirido por Martín resultó premiado con 400.000€. Un medio de comunicación acudió al domicilio de Candela y Martín para hacerles una entrevista de televisión, como ganadores de ese premio. En un momento determinado, Martín manifestó: «Cariño, ya no nos quitan el piso». La pareja vivía en un piso propiedad de la actora y de su anterior pareja, y estaba en trance de ser objeto de desahucio. Ante la situación en la que se encontraba su pareja, explicó Martín que había pedido «Por favor, que me toque la lotería», manifestando que dicha petición «Dios me la ha concedido». Días después, Martín abandonó el domicilio, sin abonarle nada a ella. Imagínese el lector la cara de Candela. Según ella, había un pacto verbal de que el premio se repartiera al 50% entre la pareja, algo que negó Martín. También en este caso la AP desestimó el recurso de apelación de Candela. Varios son los indicios que le llevaron a pensar que no era un décimo compartido: a) la primera frase pronunciada por Martín en la entrevista revelaba la intención de atender las cuotas impagadas, lógicamente bajo la premisa de que la relación con Candela siguiera existiendo, pero de ahí no cabe inferir un reconocimiento de que el premio pertenezca a ambos; b) el hecho de que en las frases 2 y 3 Martín hablara en primera persona del singular; c) la corta duración de la relación; d) la inexistencia de bienes en común. Por otro lado, tampoco aplicó la Audiencia la doctrina de los actos propios, ya que para ello es preciso que exista un acto del que se desprenda, con carácter inequívoco la voluntad de crear, modificar o extinguir un derecho, de tal manera que contradecir tal actuación posteriormente con una conducta contradictoria implique ir en contra de la buena fe -en este caso no existe un reconocimiento explícito e inequívoco del carácter común del premio- [SAP Madrid, de 26 de mayo de 2016 (JUR 2016/192658)].

Caso 3: Alicia y Ángel habían comprado participaciones en el décimo de lotería Navidad y del Niño a una cofradía. Las dos participaciones relativas al sorteo del Niño resultaron premiadas cada una con 20.000€, pero la cofradía se negó a pagarle a los actores por dos motivos: 1) había transcurrido el plazo para reclamar el premio –en las participaciones constaba que el plazo era de tres meses-; 2) no habían presentado físicamente las participaciones al cobro. Resulta que Alicia y Ángel habían destruido erróneamente las papeletas premiadas, antes del sorteo del Niño, porque pensaban que se referían al sorteo de Navidad, al ser, en aspecto, muy similares. En consecuencia, no tenían manera de acreditar que eran propietarios de ellas. Conviene apuntar brevemente que el contrato de lotería constituye una relación obligacional en virtud de la cual el titular y depositario de los billetes adquiridos los distribuye mediante precio, bien haciendo entrega de los propios ejemplares oficiales o bien por medio de participaciones, representadas por documentos privados, suficientemente adecuados, como expresivos de la participación que se adquiere en el décimo correspondiente. En relación con el tema de la caducidad, la AP señaló que es posible determinarla convencionalmente. No hay inconveniente en que las partes acuerden un plazo de caducidad para la realización de un determinado derecho, eso sí, siempre dentro de los límites del artículo 1255 CC. En cuanto a la destrucción, de las participaciones, la Audiencia entendió que no es requisito esencial, para cobrar el premio, presentar las participaciones cuando, por otros medios, se puede acreditar la existencia y tenencia de las mismas. Y concluyó que las papeletas fueron adquiridas por los demandantes (Alicia y Ángel) de los siguientes hechos: a) ambos interpusieron la correspondiente reclamación en cuanto supieron que sus participaciones habían sido premiadas; b) la cofradía confeccionó una relación de participaciones vendidas, con el nombre y número de DNI de los adquirentes, donde aparecen los datos de los actores; c) la prueba documental del banco demuestra que ninguna de las dos participaciones fue cobrada [SAP Castellón, de 9 de junio de 2011 (AC 2011/1445)].

El propio TS ha señalado que los décimos de lotería son títulos valores atípicos e impropios, lo que implica que no se les anudan las consecuencias propias de los títulos valores, entre las que cabe incluir la exigencia ineludible de presentación del correspondiente soporte físico en el que se integra el derecho [SSTS de 9 de octubre de 1993 (RJ 1993/8172) y de 29 de mayo de 1998 (RJ 1998/4073)]. La falta de presentación del título no impide la posibilidad de probar su existencia por otros medios, incluso a través de presunciones [SSTS de 13 de julio de 1990 (RJ 1990/6153) y 31 de octubre de 1996 (RJ 1996/7723)]. Y, en particular, exige tres cosas para que así sea: 1) que se acredite la adquisición del décimo premiado; 2) que se acredite igualmente su extravío; 3) que nadie haya percibido el importe del premio. Cumpliéndose estos tres requisitos, procederá el pago del premio pese a la falta de presentación física del billete premiado.

Caso 4: Juana entregó a Daniel 35€ para que le compre un billete de lotería para el sorteo del Niño, un billete de Euromillón y otro de Bonoloto. Daniel así lo hizo, pero en lugar de comprarlo todo en la correspondiente administración, tal como le había pedido Juana, lo compró en un bar. Daniel, además, adquirió otro décimo de lotería con su dinero. Al llegar a casa, le entregó uno de los décimos a Juana y el otro se lo quedó él. El décimo de lotería de Juana resultó premiado –para más inri, resultó ser un número al que habitualmente jugaba Daniel- y procedió a ingresar el dinero en la cuenta bancaria de su titularidad, sin compartirlo con Daniel. Éste reclamó la mitad del premio, afirmando que la lotería la jugaban siempre a medias, y ella apuntó que jamás jugaba a medias con nadie. En primera instancia, el Juez consideró acreditado que el décimo premiado lo compró el demandante como un mero mandatario de la demandada, y no para compartirlo con Juana. Además, entendió que, el hecho de que el actor traspasara los límites del mandato, adquiriendo el décimo de lotería en un bar y no en la administración, como Juana le había ordenado, no le otorga derecho alguno sobre el boleto premiado. En apelación, a la Audiencia le parecía irrelevante: a) que el actor festejase como ganador que el billete hubiera sido agraciado con el premio gordo; a) que resultara ser un número al que habitualmente jugaba el actor. Y argumentó que podía ser que éste, al haber adquirido un número al que normalmente jugaba, se generara erróneamente la idea de que ello le otorgaba algún derecho al premio. En cambio, la Audiencia sí tuvo en cuenta el hecho de que la demandada frecuentemente encomendara a otras personas la compra de lotería, en la medida en que su trabajo no le dejaba tiempo para hacerlo por ella misma. Pero, si Daniel compró dos décimos, uno para Juana y otro para él, ¿cómo determinar a quién les corresponde cada uno? La Audiencia explicó que, una vez que el actor metió el dinero que le entregó la demandada en el monedero, es imposible saber si fue destinado a la compra del décimo premiado o del otro décimo adquirido por el actor. De ahí podría entenderse que ambos eran a medias entre las dos partes. Sin embargo, y aquí está la clave, el décimo no premiado fue adquirido días antes de comprar el otro. Es decir, los dos décimos no fueron comprados conjuntamente, por lo que difícilmente el dinero entregado por la actora podía confundirse o mezclarse con el que el actor destinó a comprar, por su cuenta, el décimo no premiado [SAP Lugo, de 4 de marzo de 2016 (AC 2016/370].

Caso 5: Rocío compró dos décimos de lotería de Navidad. Uno de ellos se lo donó a Nerea y el otro lo compartieron entre ambas. Se hicieron fotocopias de los dos décimos, si bien no aparecían firmadas ni se hacía más mención. El décimo donado resultó premiado con 47.000€ y Rocío pretendía que el premio lo compartiera Nerea con ella, alegando que habían llegado al acuerdo de repartirlo. La AP concluyó que no se había demostrado por la actora la existencia de tal pacto. Datos irrelevantes para llegar a esta conclusión: a) que Rocío y Nerea aparecieran juntas en las fotos del periódico donde se entrevistó a la ganadora del premio, celebrándolo; b) que, respecto de uno de los décimos, sí existiera intención de repartir el premio –esto no significa que tal intención se hiciera también extensiva al otro décimo donado-. Sin embargo, que en las fotocopias no apareciera la firma de las participantes ni se hiciera referencia al deseo de compartirlo es un dato que sí se tuvo en cuenta [SAP Toledo, de 5 de marzo de 2014 (JUR 2014/91961)].

Caso 6: Marta y Carlos estaban casados en régimen de separación de bienes. Ella compró un décimo de lotería de Navidad que resultó premiado con 100.000€. Marta era la poseedora del décimo en el momento del sorteo y fue quien acudió a la administración de LAE para cobrarlo. Además, ingresó el premio en una cuenta de titularidad conjunta y, posteriormente, lo invirtió en la suscripción de un fondo de inversión a nombre de los dos, que luego canceló, quedándose ella con el dinero. Carlos reclama la mitad del dinero y Marta dice ser la única beneficiaria. Según la AP, son hechos irrelevantes a la hora de resolver el asunto: a) que el actor hubiera sido agraciado con anterioridad con otro premio de la lotería que sólo él cobró -este hecho no hace presumir que decidiera regalar a su mujer la totalidad del nuevo premio-; b) que los dos estuvieran casados en régimen de separación de bienes -si estuvieran casados en gananciales, el premio sería ganancial, tal como se deriva del artículo 1351 CC-; c) que la demandada estuviera en posesión del décimo; d) que ella fuera quien cobrara el premio.  En cambio, sí deben tenerse en cuenta a la hora de concluir si el premio era o no compartido: 1) que el dinero se ingresara en una cuenta de titularidad conjunta; 2) que con el dinero del premio se abriera un fondo de inversión a nombre de los dos -resulta extraño que, si la demandada era consciente de que el dinero era sólo suyo, lo ingresara en una cuenta conjunta y luego suscribiera un fondo de inversión para los dos-. Marta señaló que el décimo es un título al portador y que, por lo tanto, como la posesión presume el título, ella debía ser considerada propietaria del premio. A este respecto, argumentó la Audiencia que de los títulos al portador se predican dos causas: a) una causa abstracta del documento, según la cual la persona que está en posesión de ellos es la única que tiene derecho a cobrar su importe; b) una causa real de la posesión del documento, que es la que determina la propiedad del dinero o del premio. Así, una persona puede ser la titular del derecho al cobro por tener la posesión del décimo y otra la que tenga derecho al dinero con el que el décimo resultó agraciado. La posesión del documento únicamente tiene un valor de presunción, que también resulta del artículo 464 CC (la posesión equivale al título), pero puede ser contradicha por otras pruebas. Por otro lado, Marta alegó la infracción del artículo 1437 CC, por cuanto que el hecho de que una cuenta o depósito sea de titularidad conjunta, no determina que los fondos depositados también sean de titularidad conjunta, pues pueden pertenecer a uno o a otro de los titulares. Siendo esto cierto, la Audiencia no acogió esta pretensión porque para demostrar que la propiedad del dinero no sigue la titularidad formal de la cuenta o del fondo, es necesario que se practique una prueba dirigida a conocer la procedencia del dinero ingresado en esas cuentas, extremo éste que aquí no se demostró. En definitiva, Marta tuvo que compartir finalmente el premio con Carlos [SAP Burgos, de 19 de diciembre de 2014 (JUR 2015/50003)].

Caso 7: Isabel y José eran pareja de hecho. La relación entre ellos era bastante estable, hasta el punto de tener domicilios compartidos y una cuenta bancaria en común. Ambos compraron un décimo de lotería de Navidad, que fue premiado. José ingresó el dinero en la cuenta común. Dicho dinero fue posteriormente objeto de un depósito a plazo fijo a nombre de los dos. Tras la separación, Isabel pretendió repartir el dinero recibido del premio entre los dos, a lo que se opuso José. Alegó éste que ingresó el dinero en la cuenta común por miedo a que su pareja lo abandonara, algo que la Audiencia entendió fuera de toda lógica, dada la madurez de los litigantes. El carácter estable de la relación, el intento de comprar conjuntamente un inmueble con el dinero obtenido del premio, el ingresar el dinero en una cuenta común y el posterior depósito a plazo fijo a nombre de los dos son, según la Audiencia, significativos de la naturaleza común del premio en el marco de una convivencia con una comunidad de patrimonio. Explicó que el dinero depositado en una cuenta común no pasa a ser propiedad de los diferentes titulares de la misma por el solo hecho de figurar ambos como titulares. Las cuentas comunes no presuponen una comunidad de dominio sobre los objetos depositados. El hecho de abrir una cuenta bancaria a nombre de los dos lo único que comporta es que cualquiera de dichos titulares tendrá, frente al banco, facultades dispositivas del saldo que arroje la cuenta, pero no determina, por sí solo, la existencia de un condominio, y menos por partes iguales, sobre dicho saldo, ya que esto habrá de venir determinado exclusivamente por las relaciones de ambos cotitulares y, más en concreto, por la originaria pertenencia de los fondos de que se nutre esa cuenta [SAP Guadalajara, de 12 de marzo de 2013 (JUR 2013/138171)].

Caso 8: Julia y Rubén tenían una relación de convivencia more uxorio. En este supuesto se trataba de determinar si, entre ellos, hubo o no un pacto verbal de compartir el premio del décimo de lotería de Navidad que resultó agraciado con casi 300.000 euros. La Audiencia concluyó que sí existió tal pacto de los siguientes hechos: a) tras conocer que habían resultado premiados, acudieron juntos a una entidad bancaria y, aunque ingresaron el dinero en la cuenta de Rubén, ambos manifestaron verbalmente que habían sido agraciados los dos; b) en el banco, Julia y Rubén hacen constar su condición de titulares del premio; c) a los efectos de la comunicación con Hacienda, los dos figuraban como beneficiarios [SAP Madrid, de 15 de diciembre de 2015 (JUR 2016/15582)].

Caso 9: Laura reclamó 30.000€ a Manuel, alegando que había convenido con él vía Facebook que éste le vendería dos papeletas del número al que jugaba para la lotería de Navidad. Sin embargo, Laura ni recogió las papeletas ni procedió a su pago antes del sorteo. Es una vez que éste se celebra y resulta premiado ese número cuando ella reclama. La Audiencia consideró que el contrato entre Laura y Manuel no llegó a perfeccionarse por varios motivos. En primer lugar, si bien hubo una comunicación vía Facebook entre ellos, de dicha comunicación no se puede inferir que se perfeccionara la compra de las participaciones premiadas, pues a la petición de la mandante de que le guardara dos participaciones, sin llegar a especificarse cuáles eran los números, el demandando le contestó que no se las guardaba, sino que la emplazaba a quedar en algún momento y a arreglar el asunto. De ello extrajo la Audiencia dos conclusiones: 1) que se dejó para un momento posterior la perfección de la compra de las participaciones; 2) que tal comunicación por Internet lo único que reflejaba eran unos tratos preliminares, que en absoluto son vinculantes para las partes. En segundo lugar, la actora no abonó el precio de las participaciones premiadas. En tercer lugar, lo normal es que, de haberse producido el pago, éste se hubiera documentando entregando simultáneamente las papeletas o mediante algún tipo de recibí. En cuarto lugar, porque estando ante títulos valores al portador, su tenencia es la que determina su titularidad y su derecho al cobro. De haber formalizado realmente la compra de las participaciones sin la entrega de las papeletas, bien podría haber exigido Laura a Manuel, antes del sorteo del 22 de diciembre, que le diera algún justificante de su participación y de los números en que supuestamente jugaba, y no preguntarle vía Facebook, después del sorteo, si se acordaba de sus papeletas, lo cual es ya de por sí indicativo de que la operación de compra no llegó a formalizarse ni a perfeccionarse y de que la actora tenía serias dudas de su participación en el premio. En quinto lugar, Laura sólo mostró interés en las participaciones de lotería cuando resultó premiada una de ellas, lo que es incompatible con la naturaleza aleatoria del contrato de juego. Finalmente, apuntó la Audiencia que la compra de participaciones de lotería de Navidad no era algo habitual y reiterado entre la demandante y el demandado, ya que se conocían hacía poco tiempo [SAP Valencia, de 16 de diciembre de 2015 (JUR 2016/143650)].

Recuérdese que el contrato de lotería es un contrato de juego y apuesta, regulado en los artículos 1798 a 1801 CC, dentro de los denominados «contratos aleatorios». Resulta fundamental la nota de la aleatoriedad: el ganar o el perder en este tipo de contratos depende de un acontecimiento incierto (ej.: el número que resulte en un sorteo). En el momento de perfeccionarse el contrato, no están determinadas totalmente las obligaciones de las partes, sino que su nacimiento, valor económico y extensión se hacen depender de un hecho ocasional, azaroso, de la suerte, en definitiva, de un alea. En el momento en que se adquiere el décimo de lotería es imposible saber si se ganará o no. El resultado del juego, por tanto, depende de circunstancias que escapan del control de los interesados, incluso del propio organizador. No hay aleatoriedad, por tanto, cuando, una vez que se sabe que el décimo está premiado, pretende uno pagarlo para participar.

En conclusión, a la hora de determinar si varias personas participan o no en el premio de un décimo de Lotería premiado, se suele tener en cuenta: a) la costumbre de participar o no en este tipo de sorteos junto con la persona con la que se dice compartir el premio; b) la especial relación, y su duración, con dicha persona; c) el tener un patrimonio común; d) el haber pagado el décimo o la participación antes de haberse producido el sorteo; e) el comportarse como si el premio fuera de todos los participantes (ej.: refiriéndose a él en primera persona del plural). En cambio, no se tiene en cuenta: 1) que uno de los participantes fuera el poseedor del décimo y fuera él quien cobrara el premio; 2) la destrucción o pérdida del décimo o papeleta si de otra manera se consigue demostrar la participación en el sorteo. Lo que está claro es que, sea quien sea la persona con la que vamos a compartir el premio, resulta fundamental que se documente formalmente ese pacto con el fin de facilitar la prueba. Y, por supuesto, nada de fiar ni de posponer el pago de la participación en el décimo o en la papeleta. ¡Mucha suerte!

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