Libertad de expresión y sentimientos religiosos en la reciente jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos

Libertad de expresión y sentimientos religiosos en la reciente jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos

La libertad de expresión desempeña un papel básico entre los derechos y libertades garantizados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Su importancia ha sido destacada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el cual ha manifestado que “constituye uno de los fundamentos de la sociedad democrática, una de las condiciones primordiales para su progreso y para el desarrollo de los hombres” (sentencia Handyside c. el Reino Unido, de 7 de diciembre de 1976).

La libertad de expresión tiene un contenido muy amplio. Comprende la libertad de debate político, la de prensa, las expresiones artísticas y la difusión de mensajes publicitarios (sentencia Casado Coca c. España, de 24 de febrero 1994). Sin embargo, a pesar de su importancia y amplitud, no es ilimitada. Así, determinadas expresiones – entre las que se encuentran las que propagan o incitan al odio-  están fuera del ámbito de protección del artículo 10 del Convenio. Igualmente, este artículo, en su parágrafo segundo, establece la posibilidad de limitar esta libertad cuando es necesario para la protección de los concretos bienes jurídicos en él enumerados.

Junto a la importancia de la libertad de expresión, el Tribunal ha afirmado asimismo la de la libertad religiosa. En este sentido, ha declarado que “la libertad  de pensamiento, de conciencia y de religión es uno de los fundamentos de una sociedad democrática […]. El pluralismo indisociable a este tipo de sociedad depende de ella” (sentencia  Kokkinakis c.  Grecia, de 25 de mayo de 1993).

Nos encontramos, por tanto, ante dos libertades básicas para la existencia de una sociedad democrática, cuyas interferencias no pueden resolverse a través del principio de jerarquía normativa, sino a través de un adecuado juicio de ponderación de los intereses en juego.

Al examinar los límites de la libertad de expresión respecto de la libertad religiosa, El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha manifestado que dicha libertad, además de la prohibición de la incitación al odio, puede ser legítimamente restringida para proteger los sentimientos religiosos de los creyentes, los cuales considera garantizados por el artículo 9 del Convenio (sentencia Otto Preminger Institut c. Austria, de 23 de agosto de 1994).

Por otra parte, debe tenerse en cuenta que, para decidir si una injerencia en uno de los derechos contenidos en el Convenio es necesaria en una sociedad democrática, el Tribunal de Estrasburgo garantiza a las autoridades nacionales un margen de apreciación. Este margen de apreciación, que en los supuestos referentes a la libertad religiosa es de gran amplitud, no comprende, sin embargo, el discurso del odio, la aceptación de altos niveles de insulto, de expresiones gratuitamente ofensivas, de ofensas contra objetos de veneración y, en ocasiones, de la blasfemia.

En una serie de casos, el Tribunal ha considerado que la restricción estatal llevada a cabo en virtud del margen de apreciación nacional no ha infringido el artículo 10.2 del Convenio.

Así, en los supuestos de prohibición de películas por atentar contra los sentimientos religiosos de los creyentes o por infringir la legislación nacional sobre la blasfemia, consideró conformes con el artículo 10.2 del Convenio las actuaciones de las autoridades nacionales (sentencias Otto Preminger Institut c. Austria, cit. y  Windgrove c. el Reino Unido, de 25 de noviembre de 1996).

Lo mismo cabe decir en los casos de ataques genéricos contra los creyentes de una religión. En particular, la colocación por una persona en la ventana de su casa de un cartel en el que se decía “Fuera el Islam de Gran Bretaña”, fue considerada por la Corte Europea incompatible con los valores garantizados por el Convenio, especialmente la tolerancia, la paz social y la no discriminación (sentencia Norwood c. el Reino Unido, de 16 de noviembre de 2004).

Igualmente, la condena por la jurisdicción nacional de la incitación al odio, a la discriminación y a la violencia, a través de vídeos expuestos en YouTube  contra las personas de una religión distinta de la profesada por el autor de los mismos, ha sido estimada acorde con el parágrafo 2 del artículo 10 del Convenio (sentencia Belkacem c.  Bélgica, de  20 de julio de  2017).

En esta breve relación de sentencias, es preciso mencionar, por último, la condena por los tribunales nacionales del desprecio de personajes religiosos de especial relevancia. Tal fue el caso de las afirmaciones realizadas por una persona, en el curso de unas conferencias sobre el Islam, sobre las tendencias pedófilas de Mahoma basadas en que contrajo matrimonio con Aysha cuando esta tenía seis años y consumó el matrimonio al cumplir ella los nueve. El Tribunal Europeo puso de relieve que las afirmaciones basadas en hechos inciertos – las tendencias pedófilas de Mahoma-  no gozan de la protección del artículo 10 del Convenio. Por ello, concluyó afirmando que los tribunales austriacos no sobrepasaron  su margen de apreciación al procesar y condenar a dicha persona por despreciar las doctrinas religiosas y que, por tanto, no había existido violación del artículo 10 del Convenio (sentencia E.S. c. Austria, de 25 de octubre de 2018).

En contra de la protección adoptada en los supuestos examinados, el Tribunal Europeo también ha considerado en diversas sentencias que la injerencia estatal en la libertad de expresión ha infringido el artículo 10.2 del Convenio.

Tal fue el caso de un líder islámico condenado por la jurisdicción turca como culpable de un delito de incitación al odio, por haber manifestado en un debate televisivo su opinión favorable al establecimiento en Turquía de un régimen político basado en la Sharía. El Tribunal entendió que el simple hecho de defender la implantación de la Sharía, sin defender la violencia para establecerla, no podía ser considerado discurso del odio (sentencia Gunduz c.  Turquía, de 14 de junio de 2004).

Asimismo, rechazó la condena, por los tribunales franceses, de una persona como culpable de un delito de difamación publica por haber publicado en un periódico de gran difusión un artículo en el que calificaba de antisemitas algunos apartados de la encíclica Veritatis Splendor de Juan Pablo II. El Tribunal Europeo consideró que el artículo debía enfocarse como un juicio de valor sobre una cuestión de interés público, en concreto respecto de la posible conexión entre un dogma religioso y los orígenes del Holocausto. Por ello, manifestó que no existía un ataque gratuito contra las creencias religiosas, sino una reflexión que, aunque pudiera resultar molesta para algunos, no podía calificarse de difamación ni de incitación al odio o al desprecio (sentencia Giniewski c.  Francia, de 31 de enero de 2006).

En recientes sentencias, la Corte Europea ha mantenido el criterio de proteger especialmente la libertad de expresión.

Así, condenó al Estado lituano por no proteger la libertad de expresión de una empresa textil que, en una campaña publicitaria, utilizó a dos modelos disfrazados de Jesucristo y la Virgen María. Los anuncios incluían las expresiones “¡Jesús, qué pantalones!” y “¡Querida María, qué vestido!”.  Según la última instancia judicial de Lituania, el uso inapropiado de los símbolos religiosos era lesivo de la moral pública. Sin embargo, para el Tribunal Europeo, los anuncios no eran ofensivos, tenían connotaciones cómicas además de religiosas, y no quedaba suficientemente clara la acusación de atacar a la moral pública (sentencia Sekmadienis c. Lituania, de enero de 2018).

Finalmente, podemos referirnos al caso en el que la jurisdicción rusa condenó, como autoras de delitos de vandalismo y odio religioso, a tres mujeres integrantes del grupo musical Pussy Riot por haber realizado una canción protesta contra el Gobierno y el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en la catedral de Moscú. Sin embargo, el Tribunal Europeo no apreció la existencia de odio religioso, debido a que la actuación musical no fue violenta, ni interrumpió ningún servicio religioso y tampoco causó daños personales o materiales (sentencia Mariya Alekhina y otras c.  Rusia, de 17 de julio de 2018).

En la última jurisprudencia europea sobre interferencias entre la libertad de expresión y la libertad religiosa, se detecta una progresiva afirmación de la primera respecto de la segunda. Así, aunque teóricamente siguen en pie los principios de la primera jurisprudencia en materia de ofensas a los sentimientos religiosos – establecidos en las sentencias Otto Preminger Institut y Wingrove- se observa una progresiva reducción por el Tribunal Europeo del margen de apreciación nacional sobre el discurso del odio y  las ofensas a los sentimientos religiosos. Quizás, una de las posibles razones de esta situación sea el hecho de que el amplio margen de apreciación nacional existente en materia de religión, acabaría por difuminar el contenido de la libertad de expresión en beneficio de las confesiones dominantes y de los intereses políticos.

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