Memes, gifs y derechos de autor

Memes, gifs y derechos de autor

Recibimos diariamente, al menos, un meme o un gif a través de las redes sociales. Muchos de ellos se refieren a series o películas que están protegidos por derechos de propiedad intelectual. ¿Quién no ha recibido, alguna vez, algún meme con los personajes de Los Simpsons o de Juego de Tronos como protagonistas? ¿Y un gif con alguna secuencia de la última película de Los Vengadores o de Star Wars? Todos nos hemos reído con ellos, pero nadie, o pocas personas, se ha planteado si cabe utilizar obras ajenas para realizar este tipo de contenidos. Un meme consiste, en lo que aquí interesa, en captar la imagen de una serie o película, a la que se le añade algún comentario gracioso con el fin de criticar esa obra o una noticia de actualidad –por cierto, la palabra «meme» aparece recogida y definida en el Diccionario de la RAE-. En definitiva, se trata de usar imágenes de obras famosas con el fin de generar la risa en el receptor. Los gifs son básicamente lo mismo, con la diferencia de que se trata de una secuencia corta de esa serie o película (apenas unos segundos), con o sin sonido. Los gifs son memes animados.

Este tipo de uso podríamos ampararlo, a primera vista, en la parodia, que es un límite o excepción a los derechos de autor recogido en el artículo 39 LPI. No obstante, como se comprobará, hay elementos de la parodia que encajan en los memes y en los gifs, y hay otros que cuesta aplicarlos a este tipo de contenidos. La parodia es la transformación cómica o jocosa de una obra previa con el fin de hacer algún tipo de crítica. Constituye un límite porque los titulares de derechos no van a poder impedir que cualquiera pueda hacer una parodia de sus obras. El legislador ha previsto esta excepción a la exclusividad que tienen los autores sobre sus obras en base al derecho fundamental a la libertad de expresión y crítica [art. 20.1.a) CE]. Ésta constituye un derecho fundamental en nuestra Constitución, mientras que los derechos de autor proceden del derecho de propiedad (art. 33 CE), que recibe una protección menor. Aquélla, al ser fundamental y afectar al interés general, está por encima de los intereses particulares de los titulares de derechos de propiedad intelectual.

La parodia es la modificación de una obra muy conocida -a nadie se le ocurriría hacer una parodia de una obra que ha tenido poca aceptación entre el público porque no se conseguiría ese efecto cómico al comparar el original con la parodia-, introduciendo en ella un cambio de actitud orientado a ridiculizar algo. Ese cambio puede consistir en transformar algo que es serio en algo cómico o viceversa -dar seriedad a algo que, por esencia, es cómico-. Las características de toda parodia son las siguientes. En primer lugar, se trata de modificar una obra preexistente. Si lo que se modifica no es una obra, no estaremos en el ámbito de los derechos de autor. La necesidad de hacer algún cambio en la obra utilizada la puso de manifiesto la Audiencia Provincial de Madrid, en su sentencia de 23 de noviembre de 2018 (JUR 2019/80092). Se trataba de una película donde se parodiaba el régimen franquista y donde se utilizaba la canción «Cara al Sol» en dos secuencias en las que los protagonistas la silbaban o tarareaban. La Audiencia concluye que no cabía aplicar el artículo 39 LPI porque no se había producido un cambio en la propia canción para darle un efecto cómico, sino que éste procedía del contexto de la película. Lo que se utilizaba en este caso era la canción original, sin que hubiera una diferencia entre ésta y la canción que silbaban o tarareaban los personajes. Explica la Audiencia que lo que transmite el mensaje satírico es el contexto representado por la película, en cuyo entorno se ejecuta la canción, pero la sátira no se desprende de la ejecución de la obra musical.

En segundo lugar, debe existir un elemento cómico, gracioso. El componente humorístico resulta fundamental en la parodia. Ahora bien, esto no significa que el fin cómico tenga que ser efectivo, es decir, que el público efectivamente se ría, sino que basta con que aparentemente tenga este elemento. Y, en tercer lugar, debe haber una finalidad de crítica. La parodia se realiza para criticar algo, para poner en evidencia o ridiculizar alguna cosa. La ausencia de crítica hizo que la Audiencia Provincial de Barcelona, en su sentencia de 28 de mayo de 2003 (AC 2003/960), no aplicara el límite de parodia en un caso en el que la revista Interviú había publicado varias fotografías de una modelo desnuda y ligera de ropa, junto con textos de contenido sexual, caracterizada del personaje Lara Croft, del videojuego Tomb Raider.

Estas tres características se cumplen en los memes y los gifs. En ellos se produce la modificación de una obra preexistente, al capturar una imagen concreta o una secuencia de segundos de una serie de televisión o película, está presente un componente humorístico, que se lo otorga el mensaje escrito en el propio meme o gif puesto en relación con la imagen o secuencia, y hay un ánimo de criticar alguna cuestión de actualidad o la propia obra utilizada (¿o acaso alguien no ha recibido uno sobre el final de Juego de Tronos?). La crítica se produce cuando se combina la imagen con el texto. Ésa es la transformación que se produce de la obra: la extracción de una secuencia, su descontextualización y su puesta en relación con un texto con componente satírico o crítico. Si únicamente se utilizara la imagen, sin ningún añadido, no podría hablarse de parodia, sino de mera reproducción.

La parodia, como límite a los derechos de autor, plantea cuestiones importantes. Entre ellas, las siguientes. ¿La parodia debe constituir una obra en el sentido del artículo 10 LPI? Este precepto incluye los requisitos necesarios para que una creación sea protegida por la legislación sobre derechos de autor, entre ellos, la originalidad. ¿El uso de la obra ajena para parodiarla sólo debe estar justificado si el meme o el gif constituye una obra? En la medida en que la parodia es un límite o excepción y las normas excepcionales deben ser objeto de una interpretación restrictiva, así debería entenderse. El expolio de los derechos de los autores únicamente debería estar justificado si se exige, en contrapartida, un esfuerzo creativo al usuario de esa obra. La pregunta es: ¿los memes y los gifs son obras originales? Para gustos los colores, pero habría que entender que, en principio, no, por muy ingenioso que haya sido su autor para captar exactamente el momento idóneo y ponerle el texto adecuado para provocar la risa del público. Lo que para uno puede resultar original, puede no serlo para el derecho de autor. La creación de una obra protegida debe exigir un plus de esfuerzo intelectual. No obstante, existen gifs respecto de los cuales uno se podría replantear su consideración como obra, como son aquellos en los que su realizador sustituye el sonido original y dobla a los personajes que aparecen, y/o mezcla imágenes procedentes de distintas fuentes para conseguir el humor-. Por otro lado, ¿la parodia es una obra autónoma o dependiente de la obra parodiada? Hay que entender que se trata de una obra distinta e independiente de esta última. Aunque la parodia se sirva de una obra previa, tiene autonomía y su propio mercado. El realizador del meme o del gif no sólo podrá usar la obra sin necesidad de permiso de su autor, sino que también podrá explotarlo sin requerir tampoco autorización.

El objetivo de la parodia debería ser la crítica y la burla de obra utilizada. A este respecto, existen dos tipos de parodia: la target parody y la weapon parody. La primera es aquella parodia que utiliza una obra previa para criticar a la propia obra. A título de ejemplo, cabe mencionar la película Spanish Movie, donde se recrean escenas de diferentes películas españolas con ánimo de criticar y parodiar el cine español y sus clichés. El segundo tipo se produce cuando se utiliza la obra ajena para parodiar no la propia obra, sino una circunstancia ajena que nada tiene que ver con ella. Como ejemplo se puede traer a colación el supuesto que se planteó en la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, de 2 de febrero de 2000 (AC 2000/848). Se trataba del programa de televisión La parodia nacional, que emitía Antena 3 hace ya algunos años, donde se utilizaba la melodía de canciones muy famosas, cambiándoles la letra con el fin de criticar y burlarse de situaciones relacionadas con la política o la prensa del corazón de aquel momento. Los herederos de la canción «A la lima y al limón» demandaron a la cadena y a la productora, por infracción de los derechos de autor. La Audiencia Provincial concluyó que cabía aceptar la weapon parody dentro del artículo 39 LPI. Y añade, además, que no es necesario, para estar ante una parodia, que se haya producido una transformación en el sentido del artículo 21 LPI. Esta decisión de la Audiencia resulta bastante criticable. Realmente, únicamente el primer tipo de parodia debería estar permitida, debido, de nuevo, a que las excepciones deben ser objeto de una interpretación restrictiva. La libertad de expresión no debe amparar los casos en que se usan obras ajenas para criticar cuestiones que nada tienen que ver con ellas. Así lo entendió la Audiencia Provincial de Barcelona en su sentencia de 10 de octubre de 2003 (AC 2003/1895). Aquí se planteaba el uso, por parte de la revista El Jueves, de una obra fotográfica ajena, donde aparecía un zorro, para ridiculizar la conducta de un miembro del Gobierno de España de entonces. Según la Audiencia, no cabía aplicar el artículo 39 LPI porque el uso de la fotografía no tenía como fin parodiar ésta, sino ridiculizar algo ajeno a la misma. En el caso de los memes y los gifs, siempre es posible criticar y reírse de situaciones utilizando imágenes que no procedan de obras protegidas por derechos de autor (ej.: una fotografía propia del usuario).

Pero que nada teman los realizadores de memes y de gifs. En el ámbito europeo se está apostando por incluir estos contenidos dentro del límite de parodia. Y, para muestra, dos botones. El 3 de septiembre de 2014, el TJUE dictó la sentencia sobre el caso De Wilde Weldoener (asunto C-201/13). Un grupo político había utilizado la portada de un cómic muy famoso en Bélgica cambiando algunas cosas. En el cómic original, aparecía un señor volando y arrojando dinero a la gente. En la parodia, aquél había sido sustituido por una caricatura del alcalde de Gante, que arrojaba monedas a gente de color y con burka, en un intento de criticar la política de extranjería que estaba desarrollando aquél. Dicha parodia fue reproducida en calendarios y repartida entre el público. Los titulares de derechos del cómic original interpusieron demanda contra el partido político, al considerar que dicha parodia afectaba negativamente a la reputación del autor, en la medida en que el público podía relacionarle con mensaje xenófobos.

El TJUE, en este asunto, llegó a conclusiones un tanto peculiares. En primer lugar, afirma que la parodia constituye un concepto autónomo del Derecho de la Unión, lo que significa que debe interpretarse de una manera uniforme en todos los Estados miembros -téngase en cuenta que la parodia aparece regulada en el artículo 5.3.k) de la Directiva 2001/29/CE, sobre derechos de autor y derechos afines en la sociedad de la información, como un límite de transposición voluntaria-. En segundo lugar, el TJUE entiende que no es necesario que la parodia constituya una obra original protegida por derechos de autor. La finalidad del parodiante no tiene por qué ser la de crear una obra nueva, sino la de efectuar una plasmación humorística o burlesca de la ya existente. El concepto de «parodia» no puede supeditarse al requisito de la originalidad, sino que únicamente será necesario que evoque a una obra existente, que haya diferencias perceptibles con respecto a la obra original parodiada. En consecuencia, no es necesario que el meme o el gif sea una obra original.

Por otro lado, la generación de memes o gifs a partir de obras protegidas por derechos de autor ha sido objeto de un arduo debate en el seno de la Unión Europea, con ocasión de la aprobación de la Directiva (UE) 2019/790 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de abril de 2019, sobre los derechos de autor y derechos afines en el mercado único digital, publicada en el DOUE el pasado 17 de mayo. Su artículo 17 se refiere al uso de contenidos protegidos por parte de prestadores de servicios para compartir contenidos en línea. El apartado 7 establece que los Estados miembros deben garantizar que los usuarios de obras puedan ampararse en las excepciones sobre cita y parodia, al cargar y poner a disposición del público contenidos generados por ellos.

A pesar de esta apertura de miras en la UE en relación a la parodia de obras protegidas, la aplicación de este límite está sujeta a la concurrencia de ciertos requisitos ineludibles, establecidos en el artículo 39 LPI. Es decir, los memes y los gifs no se pueden hacer de cualquier manera, sino que deberán cumplir las siguientes condiciones. En primer lugar, es necesario que la obra utilizada esté previamente divulgada. No cabe hacer parodias de obras inéditas, que no conoce el público, pues, en tal caso, difícilmente podría el público hacer la comparativa mental entre el original y la parodia. Además, dicha obra debería tener un cierto grado de aceptación entre el público, de éxito, pues sólo así se puede conseguir el fin paródico. El humor a través de los memes y los gifs se consigue (o potencia) cuando la película o la serie de televisión utilizada es muy conocida.

En segundo lugar, la parodia no puede implicar riesgo de confusión con la obra preexistente. Esto significa que el público al que va dirigida la parodia no puede tener la sensación de estar disfrutando de la obra originaria, sino que tiene que ser consciente en todo momento de que está ante una parodia. Obviamente, el destinatario de un meme o un gif sabe perfectamente que no está viendo un capítulo de Los Simpsons, sino que se trata de una captura de imágenes. Además, toda parodia implica un cierto grado de parasitismo intelectual, en la medida en que, a través de ella, se trata de captar la esencia de la obra utilizada. El realizador del meme o del gif se aprovecha del éxito de la obra, sabiendo que, cuánto más conocida sea la serie o película, más aceptación tendrá entre el público y más difusión tendrá –sobre todo en un momento donde los likes se han convertido en una auténtica moneda de cambio-. En un meme o en un gif, no se trata tanto de acentuar los rasgos de la obra originaria, como de saber captar exactamente la escena que interesa destacar y asociarle un texto para que cause el efecto cómico. La pregunta que se plantea, entonces, es: ¿cuánta cantidad de obra preexistente se puede utilizar por parte del parodista a la hora de realizar la parodia? Pues únicamente la cantidad que resulte necesaria para conseguir los fines pretendidos con ella: la crítica y el humor. No cabría hacer un gif con el capítulo entero de una serie o un meme con todos los fotogramas de una película, sino únicamente capturas de pocos segundos o de una imagen concreta. Dicho esto, a pesar de que no debe existir riesgo de confusión, no es necesario que se incluya en el meme o en el gif la indicación de la serie o película que se está utilizando, sino que es el público el que mentalmente establece esa conexión.

Y, en tercer lugar, la parodia no debe inferir un daño a la obra utilizada. Ese daño se puede producir cuando la parodia sea excesiva –si, por ejemplo, se utiliza un capítulo entero de Juego de Tronos para hacer el gif-, cuando el único fin sea aprovecharse de la notoriedad o éxito ajenos o cuando la parodia prive a la obra originaria de su público, algo bastante complicado, pues los memes y los gifs no son un sustitutivo de las películas o las series –nadie va a dejar de ver las películas de Los Vengadores por el hecho de recibir memes en su teléfono móvil-. La realización de este tipo de contenidos no resta mercado a la obra utilizada. Tampoco puede ocasionar un daño al autor de la obra. La parodia no se puede utilizar para insultar al autor –la libertad de expresión no ampara el derecho al insulto-. Así, no quedaría cubierto por el límite de parodia un meme en el que se insultara a los guionistas por el final de Juego de Tronos. Ahora bien, el disgusto o enfado que la parodia lícita provoque en el autor parodiado no constituye un daño indemnizable, pues ese es, precisamente, el daño permitido que el autor debe soportar.

El artículo 39 LPI no exige, en cambio, la ausencia de ánimo de lucro a la hora de realizar la parodia. Así, si un usuario hace memes o gifs de obras protegidas y los cuelga en su blog, donde aparecen anuncios por los que cobra, no por ello quedaría fuera del límite. Además, no hay que pagar ningún tipo de compensación al autor de la obra utilizada, pues estamos ante un límite gratuito. Pocos usuarios realizarían parodias de obras si tuvieran que pagar por ello.

En definitiva, aunque los memes y los gifs no encajan en lo que estrictamente debería entenderse por parodia –debido a la interpretación restrictiva que hay que hacer de toda excepción-, el concepto cada vez más amplio utilizado en el ámbito de la UE hace que debamos aceptarlos como animal de compañía. Eso sí, el respeto de los requisitos establecidos en el artículo 39 LPI es ineludible.

 

3 Comentarios

  1. Alfonso 7 meses hace

    Buenos días,

    Muchas gracias por la entrada! Como empresa, ¿podría utilizar memes en las redes sociales para conectar con el público o no estaría permitido?

  2. JJ. Díaz 6 meses hace

    Hola,
    Más que comentar me gustaría saber si, ¿ la realización de un gif para una presentación educativa sin ánimo de lucro está vulnerando la ley de propiedad intelectual y si con ello es posible vulnerar los derechos del autor?

    Gracias

  3. Jacques 6 meses hace

    Hola,
    hay un nuevo sitio con GIF y videos profesionales libres de derechos : https://giff1.com/rh48vU.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*