¡Una cuestión de disciplina!

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¡Una cuestión de disciplina!

Esta entrada reproduce mi intervención en el acto de apertura del «Climate Law and Governance Day» que, en el marco del COP25, tuvo lugar el 6 de diciembre de 2019 en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

Quisiera que mis primeras palabras fueran para expresar nuestra solidaridad y afecto a los compañeros de la Universidad de Chile, que, lamentablemente, no han tenido la oportunidad de organizar este evento en su país como era su deseo. En segundo lugar, en nombre de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid queremos daros la bienvenida, que no es solo expresar la alegría que sentimos porque hoy nos acompañéis en este acto tan importante, sino porque habéis venido bien, aun buen lugar y en un día muy significativo.

Hoy es un día grande y un día muy especial para España. Celebramos el aniversario de la aprobación de nuestra Constitución. También es un día grande y muy especial por lo que supone haber tenido la oportunidad de que esta Cumbre tenga lugar en Madrid porque nos sitúa en el epicentro del debate sobre la lucha contra el cambio climático y los nocivos efectos que produce.

Por eso también es un día grande y muy especial para la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. En este sentido, me gustaría manifestar nuestro más sincero agradecimiento a los representantes de la «Climate Law and Governance Iniciative» y a las entidades que lo patrocinan por el honor que nos hacen al habernos elegido para acoger este certamen de tanta trascendencia para el futuro de la humanidad.

Hemos hecho todo lo posible porque os sintáis como vuestra propia en su casa y lo hemos hecho en un tiempo record. Quiero dar las gracias a nuestros compañeros Carlos Espósito y Rosa Fernández Egea por la valentía de haber dado un paso al frente y asumir el compromiso de encargarse de la organización de este evento y al personal que generosamente se ha desplazado para atenderos y a los estudiantes que voluntariamente hoy nos acompañan.

La lucha contra el cambio climático y el calentamiento global no es una moda pasajera que se nos haya ocurrido a unos cuantos, ni una tendencia de pensamiento ideada por intelectuales de vanguardia, ni por unos juliovernistas, ni por unos visionarios, sino lisa y llanamente responde la respuesta cívica de unos ciudadanos aterrados de lo que están haciendo con nuestro planeta.

Quien conozca bien el famoso relato de Antoine de Saint-Exupéry, recordará el temor de El Principito por las semillas de baobabs, cuyas raíces amenazaban con destruir su querido planeta, el Asteroide B 612. La solución que proponía era tan sencilla como efectiva: emplearse a fondo cada mañana: Es una cuestión de disciplina, decía.

«Cuando uno termina de arreglarse por la mañana, tiene también que limpiar cuidadosamente su planeta. Hay que arrancar con regularidad esos pequeños arbustos por donde crecen ya los baobabs, cuidando de distinguirlos bien de los rosales. Porque los rosales son buenos, hermosos. Mientras que los baobabs, son peligrosos. Es un trabajo muy fastidioso, pero fácil».

Para defender nuestros derechos y los derechos de las generaciones venideras resulta imprescindible y urgente llevar a cabo un trabajo constante. Hacerlo con decisión; lo cual no quiere decir con excentricidades, sino con decisión y seriedad, sin regañar a nadie, pero firmes en nuestro compromiso, sabedores de que el esfuerzo tiene que ser colectivo; de nada sirve que una parte del mundo adopte medidas si la otra no lo hace. Los profesionales del Derecho sabemos que en esta lucha contra el cambio climático no hay tregua que valga; los juristas tenemos mucho que decir y mucho que aportar, conscientes de que, tan responsables son los que niegan su existencia, como los que, sabiéndolo, no hacen nada por evitarlo.

El Derecho es una pieza clave para articular medidas de adaptación como de mitigación que nos lleven hacia la transición energética. La Constitución que hoy honramos y festejamos fue muy cuidadosa al reconocer el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de las personas, así como el deber de conservarlo, atribuyendo a los poderes públicos la obligación de velar por la utilización racional de todos los recursos naturales con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva.

El Derecho debe convertirse en la armadura frente a los ataques a nuestra integridad en materia de salud pública y medio ambiente. En este aspecto, las universidades tenemos una gran oportunidad para seguir siendo protagonistas. Para defender nuestros derechos y los derechos de las generaciones venideras es preciso que los universitarios llevemos a cabo un trabajo, orientando nuestra actividad docente e investigadora en esa dirección; y hacerlo con decisión, haciendo patente nuestro compromiso como universitarios. Es lo que la sociedad a la que nos debemos espera de nosotros y lo que da razón de ser a nuestra actividad como profesores, generando conocimiento para transmitirlo y transferirlo, intentando devolver a la sociedad lo que la sociedad nos entregó en su día.

Permitidme que termine poniendo al servicio de esta noble causa aquél mítico Cántico de las Criaturas o Cántico del Hermano Sol de San Francisco de Asís, invocando al Hermano Sol, que nos da el día y nos ilumina; a la Hermana Luna y las Estrellas, al Hermano Viento, por el aire y la nube y el cielo sereno que nos proporciona; a la Hermana Agua; al Hermano Fuego, que nos ilumina en la noche y, en suma, a nuestra querida Hermana, nuestra madre Tierra, la cual nos sostiene y gobierna.

Y con esta invocación, vuelvo al relato de El Principito, que nos recuerda que, cómo en todos los planetas, aunque haya hierbas buenas y malas, sus semillas son invisibles: duermen en el secreto de la tierra y, si se trata de una hierba mala, debe arrancarse inmediatamente. En eso no podemos fallar. Así pues, os emplazo a que todas las mañanas, nada más levantaros nos pongamos a limpiar el planeta:

¡No es más que una cuestión de disciplina!

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